LDS Emergency Preparedness

Be Prepared, Not Scared!

Autosuficientes e Independientes

Posted by Elise on January 9, 2010

“El Salvador ha mandado a la Iglesia y a sus miembros ser autosuficientes e independientes…  “Para ser autosuficiente, una persona tiene que trabajar. El trabajo es un esfuerzo físico, mental y espiritual, es una fuente básica de felicidad, de dignidad propia y de prosperidad. Por medio del trabajo, la gente logra muchas cosas buenas en la vida…   “Al llegar a ser autosuficiente, la gente está major preparada para soportar adversidades… [y] está en mejores condiciones para cuidar de otras personas necesitadas” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2: Líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, 1998, pág. 309).

xymonau (sxc.hu)

¿Qué es la autosuficiencia?

La autosuficiencia consiste en usar todas las bendiciones que recibimos de nuestro Padre Celestial para cuidar de nosotros mismos y de nuestras familias, y en buscar soluciones para nuestros propios problemas.

¿De qué modo la autosuficiencia nos convierte en mejores personas, mejores familiares, mejores amigos, mejores miembros de la Iglesia, mejores ciudadanos y mejores discípulos de Cristo?

“…si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

 ¿Por qué creen que Pablo dice que una persona que no provea para su familia ha negado la fe?

 Puntos clave

 1. El albedrío es fundamental para el plan de nuestro Creador (véase D. y C. 58:26–28;2 Nefi 2:27).

¿Qué relación hay entre el albedrío y la autosuficiencia?

2. La autosuficiencia es esencial para poder cuidar de nuestra familia y de nosotros mismos.  “Nuestro Padre Celestial ha dado a todos Sus hijos todo lo que poseen —sus talentos, sus habilidades y bienes materiales— y los ha hecho mayordomos de estas bendiciones (véase D. y C. 104:11–13). Para cumplir honorablemente con esta mayordomía, los miembros de la Iglesia deben llegar a ser autosuficientes y utilizar estas bendiciones para su propio cuidado y el cuidado de sus familias” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 309).

3. La autosuficiencia es esencial para poder cuidar de otras personas. El presidente Marion G. Romney enseñó: “Sin la autosuficiencia, una persona no puede llevar a la práctica los deseos innatos de prestar servicio. ¿Cómo podemos dar algo que no existe? Los alimentos para los hambrientos no pueden provenir de estantes vacíos; el dinero para asistir a los necesitados no puede salir de bolsillos vacíos; el apoyo y la comprensión no pueden surgir del que carece de compasión; la enseñanza no puede ser impartida por el analfabeto, y lo más importante, la guía espiritual no puede proceder del que es débil en ese aspecto” (véase “La naturaleza divina de la autosuficiencia”, Liahona, enero de 1983, págs. 176–177). Aun así, no hace falta esperar a ser plenamente autosuficientes para poder servir a los demás.

¿En qué se distingue la autosuficiencia del materialismo o la búsqueda de riquezas? (Véase Jacob 2:18–19.)

4. La Iglesia insta a sus miembros a ser autosuficientes en los siguientes seis aspectos: Estudios y alfabetización; salud física; trabajo; almacenamiento en el hogar; administración de los recursos; y fortaleza espiritual, emocional y social (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 310–313).

Enseñanzas adicionales de los líderes de la Iglesia

De las declaraciones siguientes, analicen aquellas que sean de su predilección:  “Todos debemos estar atentos para lograr una autosuficiencia mayor, un mayor espíritu de confianza en nosotros mismos, un mayor deseo de cuidarnos más, a nosotros mismos y a nuestros seres queridos” (Gordon B. Hinckley, “El bien frente al mal”, Liahona, enero de 1983, pág. 144).

“El mundo trata de sacar a la gente de los barrios bajos; Cristo saca la bajeza social del corazón de las personas y ellas mismas salen de los barrios bajos. El mundo trata de reformar al hombre cambiándolo de ambiente; Cristo cambia al hombre, y éste cambia el ambiente que le rodea. El mundo trata de amoldar el comportamiento del hombre, pero Cristo puede cambiar la naturaleza humana” (Ezra Taft Benson, “Nacidos de Dios”, Liahona, enero de 1986, pág. 3).

“Ningún fiel Santo de los Últimos Días que esté física o emocionalmente capacitado cederá voluntariamente la carga de su propio bienestar o el de su familia a otra persona, sino que mientras pueda, bajo la inspiración del Señor y con sus propios esfuerzos, se abastecerá a sí mismo y a su familia de los elementos espirituales y temporales necesarios para la vida” (Spencer W. Kimball,  “Los servicios de bienestar: El Evangelio en acción”, Liahona, enero de 1978, pág. 111).

“Hemos tenido bastante éxito en inculcar en los Santos de los Últimos Días el hecho de que deben abastecerse de sus propias necesidades materiales y luego contribuir al bienestar de aquellos que no pueden hacerlo en la misma forma. Si un miembro es incapaz de mantenerse, deberá recurrir primero a su familia y luego a la Iglesia, haciéndolo en ese orden” (Boyd K. Packer, “Autosuficiencia”, Liahona, abril de 1976, pág. 21).

La historia de la familia Castañeda

Quiero contarles algo que oí comentar hace poco en México. Estando en Torreón, me llevaron a todas partes en un lindo automóvil que pertenece al hermano del cual voy a hablar, David Castañeda. Hace treinta años, él y su esposa Tomasa, así como sus hijos, vivían en un rancho ruinoso cerca de Torreón; tenían treinta pollos, dos cerdos y un caballo flaco; las gallinas les producían unos huevos para su sustento y algo para ganarse un peso de vez en cuando. Eran pobres. Un día, llegaron los misioneros. La hermana Castañeda dijo: “Los élderes nos quitaron las vendas de los ojos y nos trajeron la luz. No sabíamos nada de Jesucristo; no sabíamos nada de Dios hasta que ellos aparecieron”.  Ella apenas tenía dos años de formación escolar; el esposo, nada. Los élderes les enseñaron y al final los bautizaron.  Después, se trasladaron a un pueblecito llamado Bermejillo. Allí tuvieron la fortuna de entrar en el negocio de chatarra, comprando autos destrozados; de ahí pasaron a relacionarse con compañías de seguros y otras empresas. Poco a poco fueron creando un negocio próspero en el que trabajaban el padre y los cinco hijos varones. Con su fe sencilla pagaban fielmente el diezmo. Ponían su confianza en el Señor; vivían el Evangelio; prestaban servicio donde los llamaran. De sus hijos, cuatro de los varones y tres de las mujeres cumplieron misiones; el menor es ahora misionero en Oaxaca. En la actualidad tienen un negocio de considerables proporciones y han prosperado en él, a pesar de las burlas de sus críticos. Su respuesta es un testimonio del poder que ha tenido el Señor en su vida.  Alrededor de doscientas personas, entre familiares y amigos, se han convertido a la Iglesia gracias a la influencia de ellos. Más de treinta jóvenes, hijos e hijas de parientes y amigos suyos, han cumplido misiones. La familia donó el terreno en el que se levanta la capilla.  Los padres y los hijos, que ya son personas mayores, se turnan todos los meses para viajar a la Ciudad de México con el fin de trabajar en el templo. Ellos son un testimonio viviente de la gran potestad que tiene la obra del Señor para elevar y cambiar a la gente. Representan a los miles y miles de personas de todo el mundo que experimentan el milagro del mormonismo cuando reciben el testimonio de la divinidad de esta obra. [Véase Gordon B. Hinckley, “El testimonio”, Liahona, julio de 1998, págs. 76–77.]

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